Cultura

Potencia el lazo con tus hijos evitando estas frases

Te ayudamos con una lista de siete frases que te sugerimos evitar decirle a tus hijos para fortalecer tus lazos con ellos. 

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Investigaciones actuales muestran que algunas de las frases aparentemente positivas más comúnmente utilizadas con tus hijos/as podrían ser muy perjudiciales. A pesar de nuestras buenas intenciones, estas frases enseñan a nuestros hijos/as a dejar de confiar en su sistema de orientación interna, a hacer lo menos posible y a declararse derrotados cuando las cosas se ponen difíciles.

 

1- ¡No llores! 

Con las lágrimas de los hijos no siempre se puede, pero cuando decimos cosas como “no llores”, estamos invalidando sus sentimientos y diciéndole que sus lágrimas son inaceptables. Intenta dar un espacio para que tu hijo/a llore y decirle cosas como: “Está bien llorar”; “Todos necesitamos llorar a veces”; “Estaré aquí para escucharte”. Incluso podrías verbalizar los sentimientos que tu hijo/a puede estar teniendo: “Estás realmente decepcionado de que no podemos ir a la plaza, ¿eh?”. Esto puede ayudarle a entender sus sentimientos y aprender a verbalizarlos más pronto. Estimulando su expresión emocional, le estás ayudando a aprender a regular sus emociones, que es una habilidad crucial que le servirá durante toda la vida.

 

2-“Te prometo que”

Las promesas rotas hacen mucho daño y puesto que la vida es claramente impredecible, te recomendamos eliminar totalmente esta frase de tu vocabulario.

En su lugar, puedes ser súper honesta con tu hijo/a. “Sé que realmente quieres ir a jugar con Juanito este fin de semana y nosotros haremos nuestro mejor esfuerzo para que eso suceda, pero por favor recuerda que hay cosas inesperadas a veces, así que no puedo garantizar que va a suceder”.

Asegúrate de que realmente estás haciendo lo mejor que puedes si dices que lo harás. Mantener tu palabra construye confianza y su ruptura deteriora la conexión.

 

Una más nota sobre esto: Si rompes tu palabra, reconócelo y pide disculpas a tu hijo/a. Recuerda que así le enseñas cómo comportarse cuando falle en cumplir su palabra. 

3.- “No es tan importante”

Hay muchas maneras de minimizar y menospreciar los sentimientos de nuestros hijos/as, así que ten cuidado con esto. Ellos a menudo valoran cosas que parecen pequeñas e insignificantes a nuestro punto de vista de adulto. Así que trata de ver las cosas desde el punto de vista de tu hijo/a. Empatizar con sus sentimientos, incluso cuando vas a establecer límites o decir que no a lo que te pide.

“Yo sé realmente querías hacer eso, pero no se va a poder hoy”; ”Siento desilusionarte, pero la respuesta es no”; son respuestas mucho más respetuosas que tratar de convencer a tu hijo/a que sus deseos no importan.

 

4.- ¿Por qué lo hiciste?

Si tu hijo ha hecho algo que no te gusta, sin duda necesitas tener una conversación sobre ello. Sin embargo, el calor del momento no es un tiempo para que pueda aprender de sus errores. Y cuando le preguntas “¿por qué?” lo obligas a pensar y a analizar su comportamiento, que es una buena habilidad, pero es avanzada cuando se trata de un niño e incluso a veces lo es para los adultos. Al enfrentar esta pregunta, muchos se cierran y se ponen a la defensiva.

Te sugerimos que abras las líneas de comunicación para averiguar lo que tu hijo/a podría haber sentido y lo que podrían ser sus necesidades subyacentes, por ejemplo, “¿Te sientes frustrado porque tus amigos no estaban aceptando tu idea?”. En tratar de entender lo que tu hijo/a sentía y necesitaba, incluso podrías descubrir que disminuye tu propia molestia por el incidente.

 

5- “Si tú haces X entonces yo te daré Y”

Sobornarlos es igualmente destructivo como desmotivador. Este tipo de intercambio puede convertirse en un terreno resbaladizo y si se utiliza con frecuencia, estás arriesgándote su efecto boomerang: que regrese y te golpee: “¡No voy a limpiar mi cuarto a menos que me compres un premio!”. 

En lugar de eso trata: “¡Gracias por ayudarme a limpiar!”; cuando ofrecemos nuestra gratitud genuina, los niños son motivados internamente a seguir ayudando. 

Y si tu hijo/a no ha ayudado mucho últimamente, recuérdale el momento en que sí ayudó. “¿Recuerdas cuando me ayudaste a sacar la basura hace unos meses? Eso fue una gran ayuda ¡Gracias!”. Esto le permite a los niños llegar a la conclusión que es divertido e interiormente gratificante ayudar.

 

6.- “Detente ahora mismo o vas a ver”

Amenazarlos nunca es una buena idea. En primer lugar, les estás enseñando una habilidad que no quieres que tengan: la capacidad de utilizar la fuerza bruta o una astucia superior para conseguir lo que quieren, incluso cuando la otra persona no está dispuesta a cooperar. En segundo lugar, te pones en una posición incómoda en la que tienes que cumplir tus amenazas – que brotó de un momento de enojo- o puedes echarte para atrás y enseñar a tu hijo que tus amenazas no tienen ningún valor. De cualquier manera, no tendrás el resultado que quieres y estarás dañando tu conexión con el niño

Intenta redirigirlo a algo más apropiado en su lugar: “No le puedes pegar a tu hermano. Me preocupa que salga lastimado, o que tome represalias y te lastime a ti. Si quieres algo para golpear, puedes golpear una almohada, el sofá o la cama”. Ofreciendo una alternativa que es más segura, le permites expresar sus sentimientos que estás validando mientras se establece un límite claro para su comportamiento. Esto lo llevará finalmente a un mejor autocontrol y bienestar emocional.

 

 7.- “¡Buen trabajo!”

El mayor problema con esta declaración es que a menudo se dice repetidamente y para cosas en las que realmente no ha puesto ningún esfuerzo. En su lugar intenta: “¡Realmente te has esforzado en esto!”. Al centrarse en su esfuerzo, le estamos enseñando que el esfuerzo es más importante que los resultados. Esto les enseña a ser más persistentes cuando intentan una tarea difícil y a ver el fracaso como otro paso hacia el éxito.

Enfócate en comunicarte positivamente con tus hijos para poder generar lazos duraderos y saludables que le permitan reforzar la confianza en sí mismo y su capacidad de comunicar sus problemas de la mejor manera. Recuerda que escucharlos y entenderlos es fundamental tanto para ti como para la salud de ellos. Puedes leer también 5 causas emocionales de las enfermedades comunes que quizás no conocías.

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